sin pensarlo en un principio pero tal vez sí... a mí abuelo que se va y aún se queda.
El maestro estaba sentado en su silla frente al río.
las aguas marrón verdosas, la piedra fría, el cielo recostándose en el horizonte.
Ya todo empezaba a dormirse,
una postal de colores grises, amarillo y negro.
El aire extraño de la muerte del día y él ya tan viejo.
Los ojos del color y la tristeza que son el río. La pipa apagada, la red en la mano. Qué cansancio.
Qué hondo cansancio, pero estaba en paz, tranquilo, la tierra le hacía cosquillas en los pies descalzos y él rejuvenecía por momentos.
Le había dado todo a esa mujer llamada tierra-sal-naturaleza-vida, había aprendido de ella para y por ella. Y hoy se lo estaba consumiendo.
Se estaba apagando como esa última estrella tras la nube negra. Tormenta. Fuerte.
El maestro se ríe, si sabrá de tormentas él.
No, mejor no entrar a la casa.
La madera fuerte, de la silla, el agua una caricia.
Además... para qué correr ante lo inevitable. Si tiene que llover lloverá, si tiene que amanecer lo hará.
Y él ya se despide de su viento, este viento y su río.
Sus ojos se cierran, se cerraron se cerraban...
Estaba ... era...
Y una mariposa lo roza y centellea.
El maestro sonríe.
(Ahora sí.)
El gris le gana al verde, hoy en este momento.
Igualmente el viento sopla y la tierra desprende un aroma inmenso,
un poco áspero, a nacimiento y a madre
a recuerdos de tabaco añejo.
las aguas marrón verdosas, la piedra fría, el cielo recostándose en el horizonte.
Ya todo empezaba a dormirse,
una postal de colores grises, amarillo y negro.
El aire extraño de la muerte del día y él ya tan viejo.
Los ojos del color y la tristeza que son el río. La pipa apagada, la red en la mano. Qué cansancio.
Qué hondo cansancio, pero estaba en paz, tranquilo, la tierra le hacía cosquillas en los pies descalzos y él rejuvenecía por momentos.
Le había dado todo a esa mujer llamada tierra-sal-naturaleza-vida, había aprendido de ella para y por ella. Y hoy se lo estaba consumiendo.
Se estaba apagando como esa última estrella tras la nube negra. Tormenta. Fuerte.
El maestro se ríe, si sabrá de tormentas él.
No, mejor no entrar a la casa.
La madera fuerte, de la silla, el agua una caricia.
Además... para qué correr ante lo inevitable. Si tiene que llover lloverá, si tiene que amanecer lo hará.
Y él ya se despide de su viento, este viento y su río.
Sus ojos se cierran, se cerraron se cerraban...
Estaba ... era...
Y una mariposa lo roza y centellea.
El maestro sonríe.
(Ahora sí.)
El gris le gana al verde, hoy en este momento.
Igualmente el viento sopla y la tierra desprende un aroma inmenso,
un poco áspero, a nacimiento y a madre
a recuerdos de tabaco añejo.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home